Por mi (chuy)
Este pueblito considerado pueblo mágico, está perdido en el semi-desierto guanajuatense; así que ya se imaginan el caloron que hacía (y eso que soy regio).
¿Como dimos a éste lugar? Pues viendo mi cuenta de instagram @chuyelizondo vi una foto de éste pueblo y dije, mmm ésta puede ser una sorpresa para Majo! (mi novia).
El viaje (osea roadtrip)
Ok, pues ya muy emocionados Majo y yo nos decidimos arrancar desde el DF hacia Guanajuato en la ya famosa pick up. Dentro de un lapso de tres horas ya estábamos entrando al entronque de San Mike de Allende y Mineral de Pozos. Una hora después, en pleno atardecer llegamos a nuestro destino, que sería nuestro hogar durante las próximas dos noches.
La Posada...
La antigua construcción, convertida ahora en hotel boutique, lleva por nombre Gran Hotel Posada de las Minas; una antigua gran casona entre callejones, con un diseño de jardines desérticos que dejan boquiabierto a cualquiera. Además nuestra habitación en la cima del complejo (La Buenavista), tenía una vista que daba al pequeño centro del pueblo.
Carpe Diem, vive el día
Antes de partir a Mineral de Pozos, compramos todo para hacer una cena romántica en la cocina del cuarto y por que no, compartir una velada con vino y un par de cervezas.
Llegó la primera noche y estábamos listos para empezar a cortar y sazonar cuando de repente, quedamos paralizados por una luna llena tan grande que alumbraba, con su poderosa luz, todo el pueblo y el horizonte desértico lleno de gigantescos agaves y cactáceas de diferentes tipos.
Pegados al ventanal de la cocina, estuvimos no menos de media hora atontados, viendo la mágica noche.
Después de una deliciosa pasta con salmón sellado en salsa macha, platicamos hasta altas horas de la noche y nos dispusimos a entrar a la cama y así descansar para el siguiente día.
Entrada la mañana, a eso de las 6am (bueno, la verdad eran como las 930am); salimos a conocer el pueblo y los sitios recomendados por los lugareños.
Nuestro primer destino era la monumental Mina de Santa Brigida (anteriormente conocida por alojar oro, plata, cobre, plomo, zinc y mercurio). Sumergida en el desierto entre cactus y arena, llegamos al destino gracias a unas señalizaciones con papel cartulina.
Durante el recorrido, pudimos apreciar la magnitud de la antigua mina y la importancia que tenía en el siglo XVIII (18). Al caminarla, nos llegó a dar claustrofobia, ya que en algunos tramos estaba bastante obscuro y estrecho. Cuanto más obscuro estaba, estábamos más cerca de salir corriendo de ahí; sin embargo de la nada nos pegó un fuerte viento del lado derecho y cuando volteamos, observamos una estructura impresionante, los Túneles de Enfriamiento de los hornos.
Estos túneles servían (valga la redundancia), para enfriar las gigantescas pirámides donde se derretían los minerales en aquellos tiempos.
Pozos hechos por el hombre
|
Saliendo de la estructura llegamos a unos acantilados hechos por el hombre, donde escarbaban a mano para sacar los materiales preciosos. Sin duda alguna, parecían cañones formados por la naturaleza.
Terminando el recorrido, dos horas después, nos dirigimos de nuevo al hotel, donde le tenía una pequeña sorpresa a Majo, debido a su cumpleaños.
Al llegar a recepción nos dieron unos pases para el SPA, situado a dos cuadras, en el cuál había una piscina, comida excelente y una sala de masajes. (Majo estaba vuelta loca que hasta me brinco encima).
En el SPA pasamos el resto de la tarde con unas deliciosas cervezas artesanales de Guanajuato, un ceviche y un coctel, y finalizamos con un relajante masaje de una hora.
SPA Posada de las Minas
|
Pero eso no era todo... al regresar al hotel por la tarde, tenía otra sorpresa esperando para la dueña de mis quincenas.
El paquete que había conseguido también incluía una cena romántica y el cuarto completamente decorado de velas y pétalos de rosas.
Después de una GRAN cena en el patio central, en donde la luz de las estrellas y unas velas eran nuestros únicos acompañantes, nos dispusimos a acabarnos una botella de champagne y subir al cuarto.
A la mañana siguiente, bajamos por un delicioso desayuno de huevos estrellados, un vasto plato de frutas, café y un jugo de naranja recién exprimido; todo esto en un ala posterior de la casona, en la cuál podíamos ver un par de cerros semi-desérticos y simplemente relajarnos y VIVIR EL MOMENTO.
Al finalizar, subimos por nuestras maletas y después de hacer el check out fuimos a nuestra última parada: Un par de minas olvidadas a las afueras del pueblo.
Cerca de la zona, afuera de una pequeña casa había un señalamiento que decía: MINA AQUÍ y decidimos bajar ya que vimos alrededor de 10 personas visitandola.
Al llegar a la casita vimos un gran cuarto con artesanías hechas de obsidiana en su mayoría y algunos instrumentos de aire, basados en los músicos de la cultura chichimeca (Ésta zona era un asentamiento chichimeca antes de que los españoles llegaran a la zona y descubrieran la riqueza en su suelo).
Al pagar los $10 pesos por persona, nos pasaron a un patio en donde tenían reliquias utilizadas para cargar los minerales e incluso nos hicieron una pequeña demostración de lo difícil que era hacer este labor en aquellas épocas. (nos pusieron a cargar cosas =/ ).
El pequeño recorrido a la mina nos dio una idea aún más clara, de lo extremoso que es trabajar en una mina.
Definitivamente, éste viaje fue el que nos hizo darnos cuenta de que a todos nos gusta conocer lugares increíbles y de que México es riquísimo en cultura y gastronomía; que la vida está hecha para salirse de la rutina y que un simple fin de semana se puede convertir en una experiencia que cambia tu vida.
Esperamos que éste primera nota te haya hecho vivir un poco de lo que vivimos.
Abrazo bros!
Majo y Chuy











